Fahrenheit 451, de Ray Bradbury

Actualizado: 29 de sep de 2020

Hace poco empecé a leerme una de las más famosas obras de Bradbury, Fahrenheit 451. Se publicó en el año 1953, pero es casi atemporal, puesto que se trata de una distopía futurística, aunque sí que hay pistas que pueden llevar a pensar que el autor trata de describir el principio del siglo en el que vivimos actualmente.


Guy Montag es un bombero, e irónicamente es su trabajo crear fuegos. En esta realidad alternativa la literatura ha sido prohibida, y los bomberos se encargan de quemar todos los libros que se hallen y denuncien. Para asegurar su total destrucción y el que los dueños no vuelvan a cometer el crimen de conservar libros, queman también las casas en las que se han encontrado. Entre misteriosos y oscuros sucesos, Montag comienza a cuestionar la ética y la verdad escondida tras las órdenes que ha estado recibiendo y ejecutando sin dudarlo hasta ahora.


El título del libro es simbólico y esencial para la trama, puesto que es la temperatura a la que las hojas de los libros se prenden en llamas, cuatrocientos cincuenta y un grados Fahrenheit, casi doscientos treinta y dos grados Celsius. Ya no solo esta cifra, 451, aparece de forma recurrente a lo largo de la historia, como en el casco de los bomberos, sino el concepto de la temperatura, que es en sí fundamental. Por eso se han creado ediciones del libro relacionadas con la quema del mismo desde su éxito inmediato.




El arco que experimenta el personaje principal esto uno de los más desarrollados y perfectos que he tenido la suerte de leer jamás. Sin hacer muchos spoilers, voy a decir que todo lo que el protagonista de Fahrenheits 451 vive y recuerda a lo largo de la historia hacen del cambio en su mentalidad ―el cambio en su forma de actuar― algo realista y con mucho sentido. Montag pasa literalmente de deleitarse en abrasar libros a defenderlos con fiereza como posesiones y fuentes de conocimiento.


Otro detalle curioso que me hace gracia, por decirlo de alguna manera, es la gran ironía de que Fahrenheits 451 fuera prohibido en muchos lugares por el retrato que hace de la privación de conocimiento, pese a que hay quienes aclaman que se debe en realidad a la supuesta vulgaridad de algunas partes y, lo que sí podría llegar a ser más comprensible, por profano: uno de los libros que se vedan y queman en la historia es la Biblia. Pero eso no quita que se trate de una novela distópica, ficticia, y que la influencia de las creencias religiosas sobre la literatura en principio ya no sea tan estricta como lo llegó a ser hace siglos.

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