Todos Nuestros Presentes Equivocados, de Elan Mastai

Actualizado: ene 7

El 11 de julio del año 1965, el científico Lionel Goettreider puso en marcha la creación más relevante de la historia: un motor que proporcionaría desde ese momento energía a todo el planeta, que experimenta una drástica evolución tecnológica en el transcurso de cincuenta meros años. Evolución que Goettreider no presencia, porque fallece como a los cuarenta días del logro de su vida.


Salto temporal a 2016. Tom Barren vive en este mundo de tecnología puntera, donde su padre, Victor Barren, es uno de los individuos más influyentes y respetados y admirados y con mayor ingenio y éxito y ego. Tom es algo más tirando a mediocre, lo que en esa realidad, considerando la cantidad y la calidad de los recursos, que están al alcance de todos, equivale a inútil. De todos modos, Tom trabaja en la empresa de su padre como sustituto de Penelope Weschler en el proyecto más ambicioso de Victor Barren para celebrar el quincuagésimo primer aniversario del arranque del Motor Goettreider: completar un retroceso en el tiempo que permita a Weschler presenciar el hecho histórico de lo hizo todo posible.


Versión original de “Todos Nuestros Presentes Equivocados”, de Elan Mastai

Durante las prácticas y los entrenamientos, Tom se enamora de la fría Penelope, que lo ignora como al aire mismo… hasta la víspera del gran día. Esa noche, Tom con sus ganas y Penelope con sus principios, la pasan juntos en el apartamento de él, y cuando Tom se despierta a la mañana siguiente y llega a los laboratorios, Penelope ya está allí, lista para asesinarlo por arruinar su carrera como primera crononauta de la historia. Puesto que Tom es el suplente pero inservible a los ojos de Victor Barren y el causante de la incapacidad de Penelope, el plan entero se cancela hasta nuevo aviso, para tremenda decepción de todos los habitantes del planeta.


Tras una breve serie de sucesos, un muy trastornado Tom se ve de pronto en la máquina del tiempo y en el laboratorio de Lionel Goettreider. En 1965.


Lo que más me gustó de este libro es que dentro de todas las locuras de viajes en el tiempo, realidades alternativas y personalidades múltiples, sigue siendo increíblemente realista en el aspecto de que por muy perfecto que sea el mundo, las personas no lo son. Y eso se ve claramente reflejado en el Tom del principio de la novela; antes de su desarrollo como personaje es un verdadero desastre —y a lo largo de él también, la verdad, pero menos—, y no piensa las cosas, y se pone nervioso (entre otras cosas) delante de la mujer que le gusta, y sufre por su madre, y resiente a su padre, y mete la pata, y antes de terminar de solucionar un problema ya ha vuelto a causar otro. Y es humano.


Otra de las cosas que añade tanto valor a este libro es la profundidad que le otorga a muchos temas, las dudas que genera en el lector, que llevan a curiosidad y ganas de leer, investigar y aprender más en general.



Capítulo 56 de la versión original de "Todos Nuestros Presentes Equivocados", de Elan Mastai

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