Un sol en la Tierra

El proyecto ITER pretende traer a la Tierra las reacciones que se producen en el Sol y otras estrellas.



Hace ya más de un siglo, científicos de renombre tales como Albert Einstein y Otto Hahn comenzaron a plantear teorías acerca de la física cuántica. Asimismo se interesaron por nuevas fuentes de energía, concretamente, la energía nuclear. Los avances en este campo fueron numerosos, rápidos y crearon gran controversia cuando se le dotó un enfoque militar que resultó en la creación de Little Boy y Fat Man, las cuales arrasaron con las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en 1945. Hoy en día, la energía nuclear, a través de procesos de fisión de núcleos de uranio-235, facilita la obtención de energía eléctrica, térmica y mecánica. No obstante, cuestiones éticas como la gestión de residuos radiactivos y sucesos como los de Chernobyl y Fukushima hacen cuestionable el uso de esta forma de energía poco segura. 


Como consecuencia, científicos de 35 naciones diferentes plantearon en 1986 la viabilidad de la fusión nuclear en la Tierra, creando así el proyecto ITER (International Thermonuclear Experimental Reactor), convirtiéndolo en uno de los proyectos energéticos más ambiciosos de las últimas décadas. Tras una inversión internacional de 24000 millones de euros, la construcción del reactor Tokamak empezó en 2010 en Cadarache (Francia). El Tokamak es una cámara de vacío toroidal (forma de Donut) que utiliza los principios magnéticos afín de confinar y controlar el plasma. El ensamblaje terminará el año próximo, sin embargo, su puesta en marcha no se prevé hasta 2024, fecha que puede variar a causa de la Covid-19.


Sin hacer particular hincapié en los aspectos técnicos, es relevante destacar que Tokamak es un dispositivo de fusión magnética diseñado para permitir la fusión de isótopos de hidrógeno (deterioro y tritio) como una alternativa energética a gran escala y libre de emisiones de carbono, basándose en el mismo principio por el cual el sol y las estrellas generan su energía. Esto la convierte en una fuente de energía renovable que no contribuye al efecto invernadero, a su vez, no genera residuos radiactivos lo que reduce infinitamente el riesgo de contaminación medioambiental.


Es pertinente resaltar que ITER en latín, significa el Camino. Expertos afirman que este doble sentido no es una mera coincidencia, exponen que esto refleja el rol de ITER en el perfeccionamiento de la fusión nuclear como fuente de energía, la cual permitirá solventar la totalidad de los problemas en materia energética proporcionando una fuente casi ilimitada, poco costosa y fiable para las generaciones futuras.


Por: Diego Alamillos

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